3.3. EL REGRESO A LA CAVERNA Y LAS TINIEBLAS.
El REGRESO A LA CAVERNA representa la obligación de salvar a los prisioneros de la caverna por aquellos que habiendo sido liberados, y tras haber pasado su proceso de acostumbramiento-educación al mundo de arriba ahora conocen la verdadera realidad, han llegado a ser sabios y filósofos. Este regreso representa el segundo aspecto de la dialéctica: su fase descendente. La memoria recuerda su anterior vida en la caverna y esto hace que el que está libre recuerde y se compadezca de la miseria de sus antiguos compañeros, y de la ignorancia de la verdad en la que viven, sólo concibiendo opiniones siempre discutibles. Los prisioneros no pueden liberarse por sí mismos, necesitan la ayuda del maestro que les prepara para la liberación, y por ello el filósofo es también político y gobernante; nunca debe perder el interés por el interior de la caverna y ha de regresar, para dar razón de todos los mundos, ha de ayudar a los que allí quedaron (educación), y ello lo hace por amor al bien y a la verdad. Preparar a los demás a salir de la ignorancia, y prevenir de los errores que podrían provocar volver a caer en la caverna es la tarea del que ha sido liberado, del filósofo.
Hay una interpretación política del regreso a la caverna que expresa la imposibilidad en el mundo griego de concebir la felicidad de un modo individual, un griego lo es para su ciudad y sus ciudadanos. Al igual que Sócrates prefiere la muerte a vivir en el exilio fuera de Atenas, al igual se salva con su ciudad o perece; no hay un sentido individual de la existencia, sino colectivo, esto es, político. La polis, supera al individuo en importancia y valor, pero para tener una polis justa y buena hemos de construir personas que dirijan sus vidas hacia la justicia y el bien. Los hombres más idóneos para establecer la justicia y el bien serán aquellos que por su dedicación hayan llegado al estado de conocimiento más elevado, conocen la justicia y el bien y saben establecer un orden justo y bueno en la ciudad. Es por esto, que de un modo inevitable, el filósofo-sabio se ve obligado a una función política, debe gobernar, mal que le cueste, y esta es la función más importante que un griego puede desempeñar en la vida.
LAS TINIEBLAS. La contraposición que realiza el mito de la caverna entre las tinieblas y la luz exterior es la contraposición epistemológica entre la opinión de los sentidos y la verdad del conocimiento racional. A su vez, responde también a la contraposición pedagógica entre la ignorancia (tinieblas) y la educación o sabiduría (luz). El texto de la caverna, expresa además una terrible paradoja cuando narra los peligros que ha de correr aquel que quiere liberar a los prisioneros. En primer lugar y tras volver a la caverna, el sabio dará muestras de torpeza, pues cegado por la falta de luz y vuelto a las tinieblas no será capaz de distinguir ninguno de los objetos, que los que allí habitan, acostumbrados a las sombras, distinguen. Dirán de él que ha vuelto ciego, extraviado y torpe, y que por ello nada merece el salir de la caverna, dará lugar a risas y a mofas, lo tomarán por loco. Y cuando el considerado loco pretenda desatarlos, lo matarían si pudieran. Otra muestra más del conocimiento de Platón respecto de las miserias de la naturaleza humana es que Platón liga la injusticia y la violencia a la ignorancia; en la oscuridad ningún bien prevalece.
Un suceso en la vida de Platón marca esta consideración: los demócratas, representantes del pueblo, dieron muerte al hombre más bueno y justo de su tiempo, tal fue su maestro Sócrates, que negó su defensa ante el tribunal que le acusaba consciente de la imposibilidad de que aquellos que no conocen el bien ni la justicia, pudiesen entender las palabras de un hombre iluminado y conocedor de tales cosas. Pensemos en la cantidad de salvadores, sabios y hombres santos asesinados en las manos de aquellos mismos que pretendían liberar. El pueblo y el sabio-gobernante están condenados a no entenderse, de ahí la necesidad que todos los individuos de la ciudad sean educados convenientemente desde la infancia, en la virtud que a cada cual se corresponde. No otra va a ser la misión del filósofo convertido en gobernante.
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