Guerrilla
jueves, 16 de enero de 2025
lunes, 26 de febrero de 2024
Dejadme la esperanza.
ROCK LESSONS 1.1: MARK LANEGAN
jueves, 23 de noviembre de 2023
miércoles, 20 de septiembre de 2023
"El niño emparedado" (Emmanuel Carrere. YOGA)
Hace unos veinte años leí en las páginas de sucesos de Libération un artículo que me marco de por vida: los padres de un niño de cuatro años lo llevan al hospital para una operación benigna. Deben de darle el alta al día siguiente. Pero el anestesista comete un error y el niño, a pesar de semanas de cuidados desesperados, se queda sordo, mudo, ciego y paralizado. Irreversible, definitivamente. Cuando lo leí me quedé transido de terror. Nunca nada me ha afligido tanto. Ya no podía pensar en otra cosa. No podía pensar más que en el despertar del niño. En el momento en el que recuperase la conciencia en la oscuridad. Inquieto al principio, pero inquieto como lo estamos cuando sabemos que la inquietud va a cesar. Sus padres no deben de estar lejos. Van a encender la luz, a hablarle. Pero nada sucede. No hay luz. No hay sonido. Intenta moverse pero no lo consigue. Intenta gritar pero ni él mismo se oye. Quizá sienta que le tocan, que le abran la boca para que coma. Quizá lo alimenten por perfusión, el artículo no lo dice. Sus padres y el personal sanitario están alrededor de la cama, descompuestos de horror, pero él no lo sabe. Es imposible comunicarse con él, imposible alcanzarlo. No está en coma. Saben que está consciente, que detrás de esa cara cerosa, contraída, detrás de esas pupilas que no ven, hay un niño emparedado en vida que está aullando de pavor en silencio. Nadie puede explicarle su situación, ¿y quién tendría el valor de hacerlo? Nadie puede imaginar lo que sucede dentro de su conciencia, cómo se cuenta el niño lo que le ocurre. No hay palabras para eso. Yo no las tengo. Yo, tan articulado, no tengo ningún medio de expresar lo que me remueve en mí esta historia aterradora.
martes, 30 de mayo de 2023
miércoles, 16 de febrero de 2022
Historia de un idiota contada por él mismo. Félix Duque
"Como ya he dicho, yo estudiaba Ciencias con la intención de seguir luego la especialidad de Exactas -un nombre estupendo para esa disciplina, la matemática, que es el arte de la rigurosa inexactitud, como bien sabemos desde Leibniz -, y dedicarme profesionalmente a vivir del cuento, a saber, de becas de investigación y memorias científicas perfectamente inútiles sobre tal o cual sutileza desprovista de todo interés. Los estados industriales se ven en la obligación de financiar a un verdadero ejército de parásitos (los llamados científicos) con el fin de justificar la miseria de una población semiesclavizada y embrutecida que cree en el progreso científico, sin entender una sola palabra, como antaño creía en la Asunción de la Virgen. Yo pensaba dedicarme a parásito.
Susana, en cambio, había elegido su lugar ENTRE LOS PERDEDORES, y estaba matriculada en Filosofía."
viernes, 10 de diciembre de 2021
jueves, 18 de noviembre de 2021
miércoles, 17 de noviembre de 2021
martes, 4 de mayo de 2021
domingo, 28 de marzo de 2021
Grande: Roberto Bolaño (¿Para qué le ha servido a usted la literatura?)
¿Para qué le ha servido a usted la literatura?
Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura. A mí la literatura me ha servido básicamente para leer. En el momento en que decido que voy a ser escritor, me pongo a leer. Y gracias a la literatura he podido leer libros maravillosos, increíbles, como encontrar tesoros. Y en mi vida, que ha sido más bien nómada y de una pobreza extrema en ocasiones, leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandy, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura me ha producido riqueza. Es riqueza.
Roberto Bolaño
Entrevista con María Teresa Cárdenas y Erwin Díaz
viernes, 19 de febrero de 2021
lunes, 28 de diciembre de 2020
Recordando a José Luis Amador.
Conocí a José Luis Amador en el primero de mis cuatro años en el Arcas Meca de Lorca. Él llevaba ya muchos, presa de las vicisitudes de un profesor de filosofía que no conseguía regresar a Granada. Por más que uno esté acostumbrado, siempre resulta difícil llegar a una ciudad nueva, hacerse cargo de tus clases cuando no conoces a nadie, tampoco los usos, costumbres y peculiaridades de cada instituto. Por añadidura, si los alumnos disfrutaron de un buen profesor el año anterior, la cosa se te complica. Los adolescentes son leales a sus odios y sus amores, y ellos hubieran querido seguir con José Luis; así me lo hicieron saber desde la primera clase. También a él cuando lo paraban por los pasillos. En este gremio, como en otros, no faltan los egos grandes y los corazones mezquinos, y rara vez un compañero o un padre se te acerca para contarte que tus alumnos están contentos contigo, que les gustan tus clases, etc. Esto ocurre también en las juntas de evaluación, algunos tutores se complacen en referir detalladas quejas de sus compañeros, pero se cuidan mucho de decir algo bueno de ellos. Pero él no funcionaba así. Se preocupó de hablar siempre bien de mí a los alumnos, de recomendarme, como luego supe, de asegurarles -aunque apenas me conocía entonces- que estarían muy bien conmigo, en definitiva y generoso como era, de echarme un cable cuando lo necesitaba.
José Luis Amador era consciente del vínculo intelectual y emocional que generaba con su alumnado. Los trataba como a compañeros de viaje, no se lo jugaba todo a la erudición, hablaba con ellos y verdaderamente los escuchaba; cuando pasabas por sus clases, a menudo se oían las risas y el buen humor que contagiaba. Parecía mucho más joven; su daimon era, como le dije muchas veces, el de un “Sócrates granaíno” alegre y curioso, irónico, pero siempre amable. Esos valores no nacieron con él y no morirán, permanecen y gracias a él se multiplicarán, pues ha dejado huella, me consta, en cientos de estudiantes que ahora lamentan su pérdida. Siguió leyendo y alimentando su curiosidad y la de sus alumnos hasta el final. Recuerdo cómo se rebelaba ante el ejército de pedagogos y burócratas que contaminan la enseñanza. Cuando regresó al fin a Granada poco a poco la distancia se fue imponiendo y las llamadas de teléfono se espaciaron. Ahora me pesa, claro. Aún así me llamó cuando se enteró de que podía necesitarle, y no puedo olvidarlo. Me siento muy afortunado de haberle conocido y de que me contara entre sus amigos. Ha dejado un lugar mejor del que encontró y, si algo le fue dado, lo devolvió con creces. Te abrazo ahora con el pensamiento, Amador, ojalá logremos preservar cuanto nos enseñaste. Que la tierra te sea leve.
lunes, 16 de noviembre de 2020
sábado, 24 de octubre de 2020
jueves, 26 de marzo de 2020
Una opinión sobre la selectividad.
Hay opositores que llevan ya muchos meses de sacrificio estudiando, que han condicionado sus vidas mediante excedencias o medias jornadas para poder estudiar. Otros compaginando el estudio con trabajos de mierda. Algunos con hijos, otros con gatos. Resulta especialmente sangrante leer los mensajes de grupos de WhatsApp de algunos interinos celebrando con vino la suspensión del proceso selectivo mientras están los sanitarios jugándose la vida con turnos draconianos y desprotegidos.
En el contraste de ambos procesos y la aplicación de diferentes lógicas se aprecia la injusticia y el abuso, lo tendencioso de las decisiones que se están tomando. Hay que posponer la selectividad y las oposiciones o suspender ambas. Otra cosa es injustificable más allá del subterfugio y la falacia.
